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BiciMes - Ceremonia Bicicleta Blanca PDF Imprimir E-Mail
escrito por Ubuntu   
Wednesday, 28 de July de 2010
Ceremonia Bicicleta Blanca

Texto leído el Miércoles 21 durante la ceremonia de la Bicicleta Blanca

Hoy recuerdo mariposas
que ayer sólo fueron humo
Mariposas, mariposas,
que emergieron de lo oscuro
bailarinas silenciosas.

Silvio Rodríguez

Tic, tac, tic, tac, tic tac…

El tiempo corría veloz en su marcha sin detenerse. Aludiendo a nuestro amigo Oscar Patsi, nuestro ciclista desconocido avanzaba entre el pesado tráfico de rinocerontes que inundan avenidas y calles de la ciudad, cual mariposa furtiva, casi invisible para los automovilistas, que ocupados en sus asuntos frecuentemente van escuchando su autoestéreo a considerable volumen, o charlando por algún moderno aparato celular o en el peor de los casos discutiendo con su pareja de viaje encerrados en su capsula de metal.

Nuestro ciclista desconocido no tiene edad porque no se necesita edad para circular en bicicleta, solo se necesita el deseo de sentir su libertad, de saberse vivo y capaz de poder transportarse de manera eficiente y eficaz a cualquier punto de la ciudad. Y nuestro ciclista desconocido pedalea y se mueve de este modo, y al hacerlo va pensando en los beneficios que le da la bici al moverse de un lado a otro, economía, salud, no contamina, y esto le hace recordar cómo está siendo un ejemplo para su familia, la cual siempre le advierte de los riesgos de moverse en bicicleta en una ciudad donde los automovilistas se sienten los reyes del camino, pero él sabe que esto va a cambiar, que no será para siempre así, que ya muchas personas se desplazan en sus bicicletas y, junto con él, están cambiando la manera de movilizarse en una ciudad donde el peatón y los ciclistas son todavía vulnerables, “pero dejarán de serlo”, piensa nuestro ciclista desconocido… tic, tac, tic, tac, el tiempo avanza.

Y continúa su trayecto esquivando baches y haciendo circo maroma y teatro para no caer en alguna boca de tormenta que es muy común verlas destapadas y que como siempre ponen en riesgo a los y las ciclistas. Nuestro ciclista desconocido, aunque siempre procura circular por el carril de la derecha, es en estas ocasiones donde se topa con grandes baches y agujeros que necesita abrirse un poco a la izquierda. Lo hace con precaución, pero esto ha molestado a un iracundo conductor de un coche negro que exasperado y lejos de bajar su velocidad ha decidido pasar su unidad cerca de nuestro ciclista desconocido, casi rozándolo, y al mismo tiempo aprovechar para recordarle a su progenitora con el ya conocido sonsonete del claxon.

Nuestro ciclista desconocido, ni se inmuta. Está lo suficientemente acostumbrado a este tipo de escenas; pero si piensa, y mientras su bici lo desplaza el va preguntándose ¿Qué es lo que los pone a los automovilistas en un estado de tanta ira y enojo? Nada perderían con tratar de ser un poco más condescendientes con los ciclistas que también nos transportamos por la ciudad; quizá lo que no saben es que los ciclistas necesitamos  esquivar hoyos y alcantarillas porque son mortales para nosotros; quizá lo que se necesite sea dialogar más con los automovilistas para ir generando una ciudad más amable… otra cultura vial.  Nuestro ciclista desconocido estaba  cavilando esto, cuando llegó al siguiente cruce con semáforo. En él, se encontraba el auto negro que cuadras antes lo había rebasado. Solo intercambiaron miradas. Tic, tac, tic, tac, tic, tac… El tiempo no se detiene…

Nuestro ciclista desconocido siguió con su pedaleo constante para llegar a su destino entre el humo y ruidos de la ciudad provocados por los automotores, a final de cuentas ya solo faltaban unas cuantas cuadras. Y mientras recordaba como en el noticiero matutino daban la noticia de que las autoridades gubernamentales se pronunciaban por una ciudad con una movilidad sustentable. Y nuestro ciclista desconocido pensaba: ¿Cómo una movilidad sustentable, cuando solo piensan en hacer proyectos para los automóviles? Y es que en esta ciudad no caben ya los automóviles y por eso hay que abrirles más espacios, pero para qué, se pregunta a sí mismo, la mayoría de la gente no nos desplazamos en automóvil, todos caminamos, la mayor parte se desplaza en transporte público, otros en bicicleta… él sabía que sí queríamos una ciudad sustentable necesitábamos cambiar nuestros hábitos de movilidad. Y continuaba con sus piensos: lo que deberían de hacer es garantizar vías de transporte para todos, garantizar la seguridad de las personas; lo que realmente pone en riesgo la vida es la velocidad a la que manejan en la ciudad los automóviles, que no respetan nada, ni las banquetas, ni los límites de velocidad,  ni al peatón, ni al ciclista, pareciera que pierden todo contacto con lo que se mueve fuera de sus carros. No basta con vías recreactivas, ni ciclovías, se necesita conciencia, se necesita pensar en nuestro futuro y en el de nuestros hijos, pensaba. Y esto le recordó a Pedro, su hijo de 10 años,  que le había insistido que lo acompañaba en la bici a su trabajo, pero él le dijo que no se podía y a cambio le prometió llevarlo a pasear en bici el domingo siguiente… recordó gratos momentos con su pequeño montados los dos en sendas bicicletas… tic, tac, tic, tac, tic, tac.

El ciclista desconocido bajaba por una calle poco transitada y se disponía a cruzar una gran avenida, el semáforo acababa de cambiar a verde y le cedía el derecho de paso; alcanzo a escuchar como a su izquierda, por la gran avenida, un auto aceleraba en vez de detenerse; giró su cabeza para observar aterrado que el automóvil se le venía encima, escucho el rechinido de unos neumáticos tratando de frenar la trayectoria del automóvil… Golpe seco.

Jadeos y dificultad para respirar… su mente esta aturdida, solo escucha como rechinan de nuevo unos neumáticos y el rugir de un potente motor que se aleja de la escena. Cierra sus ojos y escucha en su interior… Tic…     tac…      tic…    tac…      tic…

El tiempo por fin se ha detenido

Tu tiempo es ahora una mariposa
navecita blanca, delgada, nerviosa
Siglos atrás inundaron un segundo
debajo del cielo, encima del mundo

Silvio Rodríguez


Texto: Pato Esquivel

 
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